Por: Karen Ruiz @semillando_

En Ñuble tenemos campo, bosque y mar a pocos kilómetros de distancia. Aun así, cada vez más de lo que llega a la mesa viene dentro de un envase. Una invitación a recuperar los alimentos que nos nutrieron por generaciones.

Vivimos en una región privilegiada. Entre la cordillera y la costa de Ñuble se produce casi todo lo que necesitamos para comer bien. Sin embargo, cada vez consumimos más productos envasados y, poco a poco, hemos ido dejando de lado la enorme riqueza que entregan los campos, los bosques y el mar que tenemos a la vuelta de la esquina. Con ellos hemos olvidado alimentos que por generaciones nutrieron a nuestras familias y que fueron producidos por agricultores y emprendedores de la zona.

Miel de pequeños apicultores, leche de productores locales, legumbres recién cosechadas, cochayuyo de esta costa, maqui de los bosques nativos, linaza, papas, verduras, frutas de temporada y huevos de campo son parte del patrimonio alimentario de Ñuble. Son alimentos nobles que hoy merecen volver a ocupar un lugar importante en la mesa.

Lamentablemente, los ultraprocesados están cada vez más presentes. Muchos contienen exceso de azúcar, sodio, grasas saturadas y trans, colorantes, saborizantes y una larga lista de ingredientes que poco se parecen a un alimento real. No es casualidad que tantos de ellos lleguen a los supermercados cubiertos de sellos «ALTO EN». Reemplazar parte de estos productos por alimentos frescos o mínimamente procesados puede marcar una gran diferencia para la salud de toda la familia.

Los superalimentos de Ñuble

No hace falta buscar en góndolas importadas: aquí tenemos los propios.

El maqui, fruto nativo de nuestros bosques, destaca por su alto contenido de antioxidantes naturales. El cochayuyo, uno de los alimentos más representativos de esta costa, es una excelente fuente de fibra, calcio, hierro, magnesio, potasio y yodo, mineral esencial para el funcionamiento normal de la tiroides. Además, favorece la salud intestinal, aporta gran saciedad y contiene compuestos antioxidantes. Eso sí, por su alta concentración de yodo, quienes tengan hipertiroidismo o estén en tratamiento tiroideo conviene que lo consuman con moderación y consulten con su médico.

La linaza entrega omega-3 de origen vegetal y fibra. La miel aporta compuestos antioxidantes propios de su origen floral. Y las legumbres son una excelente fuente de proteínas vegetales, hierro y carbohidratos de absorción lenta.

Comprar local es apoyar a quien produce

Consumir productos de la zona también significa apoyar a agricultores, pescadores, apicultores y emprendedores. Cada compra fortalece la economía local, genera empleo, acorta la cadena entre quien produce y quien come, reduce la huella ambiental del transporte de alimentos y mantiene vivas nuestras tradiciones.

Un dato que vale la pena tener presente: buena parte de las legumbres disponibles todo el año en los supermercados es importada y puede permanecer almacenada por largos períodos antes de llegar a la mesa. En cambio, en Ñuble y el Maule hay productores que cosechan porotos, lentejas y garbanzos cada temporada. Al comprarlos en ferias y mercados locales obtenemos alimentos más frescos y apoyamos directamente a quienes trabajan la tierra.

Receta: ceviche de cochayuyo

Ingredientes (4 porciones)

  • 300 g de cochayuyo seco
  • 1 cebolla morada
  • 1 taza de cilantro
  • 250 g de camarones cocidos
  • Jugo de 7 limones
  • 2 dientes de ajo
  • 2 cm de jengibre fresco
  • 4 cucharadas de perejil
  • 15 g de aceite de oliva extra virgen
  • Sal de mar a gusto

Preparación

Lave y cocine el cochayuyo entre 45 y 60 minutos, hasta que esté tierno. Déjelo enfriar, píquelo finamente y mézclelo con la cebolla y parte del cilantro. Licúe los camarones con el jugo de limón, el ajo, el jengibre, el perejil, el resto del cilantro, el aceite de oliva y la sal. Incorpore esta mezcla al cochayuyo, revuelva bien y deje reposar una hora en el refrigerador antes de servir.

Un legado que se cocina

Volver a comer comida real es honrar la sabiduría de nuestros ancestros y la riqueza de nuestra cultura alimentaria. Es valorar lo que la tierra y el mar nos regalan, apoyar a los productores de la zona y entender que fomentar su consumo también es una responsabilidad compartida, para que estas tradiciones, conocimientos y sabores no se pierdan con el paso de las generaciones.

La próxima vez que salga a comprar, pase primero por la feria de su comuna. Así dejaremos a nuestros hijos un legado de salud, identidad, respeto por el territorio y amor por los alimentos reales.